A pesar de estar en otro país, sigo manteniendo ciertas rutinas por aquello
de no sentirme “alienada”. Es por esto que, los fines de semana sigo
comprando “El País”. Lo leo en la cafetería del hotel del álamo mientras
degusto el espléndido café que me sirve René, un joven camarero mexicano que
ha hecho buenas migas con Beno y, de rebote, conmigo.
Vieja costumbre es también empezar el periódico por la parte posterior y
leer la columna que alternan dos “Manueles”: el catalán Vicent y el
gallego Rivas. Este pasado sábado, 24 de Junio, le ha tocado a mi paisano.
Su columna comienza así : “¿Qué habrá sido de Mozart? Si buscas en las
viejas enciclopedias o en la Red, encontrarás muy pocas cosas sobre Mozart”.
No puedo evitar la extrañeza ante la afirmación del escritor gallego. Le
supongo lo suficiente hábil como para encontrar información sobre músico tan
célebre. Sigo leyendo: “El olvido es un esbirro incansable y bastante
misógino”. Entonces comprendo. Mozart es Maria Anna Mozart, compositora del
libro de música en el que aprendió a tocar su hermano, Wolfgang Amadeus,
que sí aparece en las enciclopedias.
Agradezco a Rivas que cite también a Fanny Mendelssohn, Clara Shumann, Alma
Malher…, pues casi siempre las noticias de mis antepasadas, mujeres pioneras
en muchos campos de la vida, me han llegado por el esfuerzo e interés de
otras congéneres.
Con buen sabor de boca, y sin pasar por alto la foto del atractivo –
permítaseme esta frivolidad- juez estrella Marlaska -cartera en mano y
elegancia descorbatada -, voy a la página de “El editorial”. Uno de los
artículos – “Igualdad”- enlaza a la perfección con la columna que acabo de
leer. Hace referencia al proyecto de “Ley de Igualdad entre Mujeres y
Hombres” que el consejo de ministros acaba de aprobar. Destaca y comenta
tres medidas: lograr que, en un plazo de ocho años, un 40% de mujeres forme
parte de los consejos de administración, conseguir la paridad electoral y
ampliar el permiso de paternidad de dos a ocho días.
Me digo que estas medidas, aún siendo insuficientes, son un paso más para
combatir la discriminación que mujeres y hombres vienen padeciendo desde
hace siglos. Sin embargo al final del artículo leo que “se deja un gran
margen de libertad a las empresas” para la aplicación de ellas.
Me digo también que habrá quien consideré que alguna de aquellas es
contraria a los criterios de “eficiencia y equidad”, que deben regir a la
hora de determinar quien debe ocupar un puesto, y que la (mal llamada)
“discriminación positiva” no es adecuada para paliar las desigualdades.
Y yo pienso en Maria Anna, Fanny, Clara, Alma y María Moliner que, como bien
recuerda Manuel Rivas, no pudo entrar en la Academia de la Lengua Española
por ser mujer. También en María Lejarraga, Camilla Claudell, María Soliña,
Marceline Desbordes- Valmore…
La maga da un sorbo a su café y mira por el ventanal de la cafetería . Ve a
algunos de sus amigos del álamo: La Pies Ligeros, Albee, Ana, Beno, Jin …
y me dice que les va a invitar a un café para paliquear un poco sobre estos
asuntos.