Mi?rcoles, 16 de enero de 2008
Publicado por macmanzana @ 11:56
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Las calles de una ciudad parecen estar pensadas y dise?adas por engendros humanos que odian a los seres de su misma especie, incluso las mas valoradas y en cuyas aceras muchos desear?an pasearse son feas, incomodas y la ant?tesis del medio que la propia naturaleza se encarg? de preparar antes de que sus fuerzas tuvieran dedicaci?n absoluta a la auto defensa de estos seres con tal empe?o de transformarla y destruir el concepto sobre el que se fue generando.
Es una tarde oscura cuando la lluvia no termina de hacerse presente, el suelo de la calzada est? h?medo y la acera, que ha soportado nuestras ideas y venidas durante veinte a?os sin rechistar, ya no puede seguir intentado lucirse de alg?n modo, nunca tuvo esa oportunidad.
Los comienzos de Lu?s no hab?an sido f?ciles, pero hab?a conseguido centrarse en su negocio de bordados despu?s de varios intentos de destacar en gremios en los que nunca se hab?a sentido a gusto por completo. Como todos los d?as abri? su local aunque ya hac?a muchos a?os que no sent?a la mas m?nima ilusi?n al hacerlo.
Ese d?a era especialmente triste para ?l, durante su siesta, costumbre de d?cadas, so?? placenteramente, y aunque no pudo recordar nada concreto de lo so?ado, ni lugares ni protagonistas, si pod?a afirmar en su soledad que su experiencia se hab?a desarrollado muchos a?os atr?s, en aquel periodo cuando a?n se consideraba feliz pero comenzaba a experimentar momentos de hiperrealismo, como si esa d?diva pudiera ser condensada hasta hacerse presente y luego perdida poco a poco, como se pierde la esperanza, como se pierde la ilusi?n, con grandes dosis de miop?a existencialista.
.-Buenas tardes Luis. - dijo una voz en el transcurso de acercarse y alejarse.
.-Buenas tardes - pens? sin responder al conocido, hoy no quer?a contestar a nadie, hoy hab?a visitado el pasado y se sent?a bien por la experiencia, no quer?a volver tan r?pido.
Ni un solo cliente, como de costumbre cada tarde, -?como puede seguir con ese negocio?- cotilleaban algunos que desconoc?an que en el proceso de perdida de ilusi?n lo primero que se dejan atr?s son los gastos superfluos, siempre esbozaba una sonrisa cuando pensaba en ello.
A ?ltima hora, y ya llegada la noche, pas? su amigo adulto del alma, esos que se tienen porque habiendo estado tan alejados como polos opuestos acaban apareciendo por el otro lado. Le salud? desde la estrecha entrada con escaparates en embudo a ambos lados, y Lu?s sac? fuerzas para salir a la entrada e intentar establecer una conversaci?n, el sue?o se iba alejando con las horas y no estar?a mal plantar los pies en el suelo en un aterrizaje suave.
Hola mariquita!, era el saludo habitual entre ambos, sin segundos ni terceros significados, un saludo tan obsoleto y falto de sentido como otro cualquiera, un saludo imb?cil como siempre hab?a pensado ?l, sin querer admitirlo y ni siquiera comentarlo con Paco.
Lu?s, no he venido solo, ?te acuerdas de ella?, seguro que s? aunque para todos ha pasado el tiempo. - Lo dijo mientras pensaba que no deb?a haberlo mencionado, a esas edades las pruebas de significado son f?cilmente prescindibles.
No puedo creerlo, Maria!, ?como estas?. - Tenia delante a la ?nica mujer con la que se hab?a sentido realmente a gusto en toda su vida, de hecho la ?nica persona de la que no hab?a salido sin preocuparse por verse espetado contra el quicio de alguna puerta o desnudo en el descansillo de las escaleras. Relaci?n que empez?, hac?a muchos a?os ya, a comparar con una comilona regada con buen vino, intensa, y breve. Inolvidable tambi?n, pero hab?a conseguido guardar esos recuerdos, muy, muy bien ordenados, en alguna estanter?a muy alejada, cerrada, y sin llave.
Hola Lu?s, Paco nos dijo que segu?as con tu bonito negocio y hemos querido venir a saludarte, ?te acuerdas de Roberto?.
Robertito!, ?como estas, me alegro de verte? - Eran demasiadas emociones en un momento, todas juntas, solo le calmaba que no les hab?a tenido que ver entrando a trav?s de los cristales de los escaparates dirigi?ndose a la min?scula puerta, esa sensaci?n le dio p?nico por un momento, pero se intent? centrar en el saludo.
Roberto, Robertito!, le ca?a mal desde le conoci? aunque lo dud? por un momento al verle tan mayor y con ese aire de progre que todo lo sabe, t?pica personalidad con la que no perder ni un minuto de un tiempo perdido ya de por si.
Sus sentimientos hacia ?l nunca hab?an ocupado sitio en su memoria hasta que se enter?, una d?cada atr?s, de que se hab?a emparejado con Mar?a. Lo mejor de todo, al menos lo que le consolaba, es que no lo entender?a nunca, porque le constaba que Mar?a era un diamante en bruto para ?l, y seguramente una t?a mas para Robertito. Intent? centrarse de nuevo.
Mar?a - Que callado te has quedado, de verdad que nos alegramos mucho de verte, Paco nos cont? lo de tu familia, lo sentimos mucho de verdad. ?Te casaste?.
.-NO - Son? un poco elevado de voz, pero intent? contrarrestarlo con su t?pica cara de atenci?n al cliente, su agradecimiento cordial y hasta cursi.
.-Gracias, gracias, Mar?a, la verdad es que no encontr? a mi media naranja. Debe estar por ah? follandose a otros - Esto ?ltimo solo lo pens? claro, ademas no era lo que realmente pensaba, en su interior Lu?s tem?a que esa media naranja, la suya, estuviera por ah? perdida en las definitivas manos de alg?n gilipollas. Triste y sola, como ?l. Era la sensaci?n de tiempo perdido, de experiencias perdidas, de vidas perdidas lo que realmente sent?a al pensar en ese c?trico de los cojones.
.-?Y tu familia que tal?, ya me imagino que muy bien.
.-Pues si, muy bien gracias, que cosa que no nos hemos visto en tanto tiempo. - Las mujeres prefieren no mencionar la palabra ?a?os?.
Paco - Bueno chicos pues v?monos que cenemos algo, que Lu?s todav?a tendr? que hacer cosas, ?te vienes a cenar?.
No gracias, gracias, tengo cosillas que no me dejan, me alegro mucho de veros. - Esto por extra?o que parezca fue tan honesto como literal. No encontraba nada mas que decir, menos a?n tema alguno para una cena.
Les vio alejarse mientras se desped?an con gestos y sonrisas, cuando Mar?a se dio por fin la vuelta, no pudo evitar fijarse en su culo adulto. Sus piernas sin embargo, o al menos lo que se pod?a entrever bajo el limite que impon?a su abrigo y la transparencia de sus medias oscuras, se le antojaron seguir siendo igual de bonitas que aquellas entre las que se hab?a sentido tan a gusto, hace tanto tiempo.
Al darse la vuelta, Lu?s no sab?a si echar las correderas, contemplar por un momento los bordados que hab?a expuesto con tanto mimo en aquellos escaparates, o atravesar de nuevo la estrecha puerta hacia el interior para recoger e irse a casa. Pero hubo algo que le llam? la atenci?n.
Fue acerc?ndose con paso firme en intenci?n aunque algo dislocado, venia de la direcci?n opuesta a la que hab?an tomado sus conocidos y su querida Mar?a unos segundos atr?s. Vestida de negro, todo muy ce?ido, con el pelo rizado y aireado, y muy oscuro. No consigui? mirarla a la cara, sab?a perfectamente que no le iba a gustar lo mas m?nimo y no le merec?a por tanto el esfuerzo de vencer a su timidez natural.
Lo ultimo que vio de ella es que se paraba en la brillante calzada, frente a la tienda, como si estuviera esperando un taxi o alguien que la viniera a recoger en un coche, y se fij? durante tres segundos en sus zapatos, tacones amarillos, pero amarillo pollo!, desde los cuales sub?an, tal como si se criasen o fuesen el producto de esa semilla tan hortera, dos piernas torcidas y vulgares embutidas en unos calentadores de lana negros.
Calentadores y tacones amarillos, que barbaridad! - Pens? mientras entraba en la tienda, cerraba con llave desde dentro, atravesaba la peque?a zona para clientes y pasaba por detr?s del mostrador para ir a coger la bolsa del super con la compra del d?a y cortar la electricidad tal y como era su costumbre.
Cuando entr? en el almac?n y apag? las luces hal?genas de la tienda y de la fachada, se qued? parado, inm?vil, y en una situaci?n en la que jamas hab?a pensado, tal ni siquiera so?ado, que pod?a quedarse. Se encontraba junto a la puerta iluminada aun por el tubo fluorescente del interior y frente a la tienda, ya en penumbra.
Su mente se par?, y se qued? en blanco, tras unos breves segundos comenz?, muy poco a poco, a funcionar de nuevo, a buscar respuestas b?sicas para su funcionamiento. Todos sus recuerdos estaban ahora demasiado al fondo para tenerlos en cuenta, sus experiencias ni siquiera daban se?ales de existir, solo la conciencia y convencimiento claros y precisos de que tras apagar aquella luz azulada todo se acabar?a. Todo estaba ya, reducido a una decisi?n tan simple como la de apagar una luz con la que al mismo tiempo se apagar?a su vida.
Un veh?culo oscuro y de marca japonesa, muy adornado y del que sal?a un ruido extra?o y tan vulgar como el de su origen, lleg? desordenando la tranquilidad que a aquellas horas se supon?a para aquel barrio de gran ciudad espa?ola del siglo XXI. La mujer de los tacones amarillos y calentadores de lana desapareci? en su interior y aquel extra?o grupo concentrado de mol?culas y c?lulas decadentes desapareci? tras la curva al final de la calle, quedando esta, tranquila y h?meda como cualquier otra tarde de invierno.
Fin.
Hacia dentro y hacia fuera (por Javier)
s?bado 24 de noviembre de 2007

3 comentarios
MACMANZANA
Creo que hay muchas cosas dentro de este relato. Ya hablaremos de ello un d?a, si quieres.

Como ves, Javier, te he pasado el relato a un post independiente, creo que ?ste es mejor sitio.

Un abrazo.
Monday, December 3, 2007 - 01:45 PM
JAVIER
Gracias.
Monday, December 3, 2007 - 11:44 PM
ANA
El relato puede ser perfecto para comenzar un libro...lo es?
Desde luego dar?a para mucho.
Enhorabuena a Javier.
Un abrazo
Saturday, December 8, 2007 - 09:41 PM